Barrancas del Cobre

A su paso por Chihuahua, la Sierra Madre Occidental despliega toda su grandeza a través de altas montañas, extensas mesetas, increíbles formaciones rocosas, ríos, arroyos, pinares, cascadas, cuevas y, por supuesto, las Barrancas del Cobre, uno de los mayores y más impresionantes sistemas de cañones del mundo entero. La orografía alcanza aquí dimensiones fuera de lo común: muros verticales de roca de cientos de metros de altura, una cascada de medio kilómetro de caída, miradores en riscos que se levantan mil 500 metros sobre el fondo de las cañadas, cañones más amplios y profundos que el Gran Cañón del Colorado... 

Es en este paisaje majestuoso, aunque inclemente, donde habitan desde hace siglos los sorprendentes tarahumaras, quienes le han dado el nombre. Es aquí también donde el viajero hallará un ferrocarril legendario, el Chepe, el último tren de pasajeros en México que con decenas de puentes y túneles desafía los abruptos altibajos de la corteza terrestre. Y hay que apuntar, además, que apenas en 2010 inició operaciones el Parque de Aventuras Barrancas del Cobre, que incluye el tercer teleférico más largo del mundo y el zip line más largo del mundo aunado a las otras 7 formidables tirolesas. ¿Hace falta algo más para visitar esta región? 

 

La Cuna de la Manzana:
Ciudad Guerrero

 

Cómo llegar: Está a 170 km al poniente de Chihuahua, por la carretera a Hermosillo (federal 16) y la carretera estatal 16 a Madera. Desde Creel son 116 km por carreteras estatales vía San Juanito y Cruce San Pedro. 

1En la entrada de la región de las Barrancas del Cobre, y a la vez sobre el camino igualmente hacia Madera y la región noroeste del estado, se localiza este poblado cargado de historia y rincones llamativos. Fue fundado en 1676 a orillas del río Papigochi como la misión jesuita de Nuestra Señora de la Concepción de Papigochi, en ese entonces la comunidad era totalmente tarahumara, aunque con el tiempo se convirtió en un pueblo predominantemente criollo. 

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El municipio lleva en su escudo el lema “cuna de la Revolución” porque aquí se levantó en armas en 1910 Pascual Orozco, quien el 21 de noviembre de ese año libró y ganó una de las primeras batallas de dicha revuelta armada. También aquí inició el cultivo comercial de la manzana en el estado de Chihuahua; hoy, este rumbo es la zona de producción de manzana más importante del país. Dentro del poblado no hay que perderse la Parroquia de la Purísima Concepción, heredera de la misión original del siglo XVII, así como su antigua Iglesia de Nuestra Señora del Refugio y suMuseo de la Revolución. A unos 19 km al noroeste, sobre la carretera a Madera se ubica el pueblo de Santo Tomás, cuya iglesia contiene hermosos retablos barrocos y notables pinturas de los siglos XVII y XVIII. La fiesta de Santo Tomás, el 21 de diciembre, se festeja en grande. A unos 12 km al sur de Guerrero se encuentra la Presa Abraham González, un gran cuerpo de agua donde se puede pasear en lancha, pescar y practicar esquí acuático. 

 

Las cascadas más altas de México:
Parque Nacional Cascada de Basaseachi

 

Cómo llegar: El poblado de Basaseachi está 125 km al poniente de Guerrero por la carretera estatal al sur y la federal 16; desde Chihuahua son 278 km por esta misma vía. Del pueblo al Parque Nacional son 12 km más hacia el sur. 

 

3En el poniente del estado y en la periferia del área tarahumara se localiza la incomparable Cascada de Basaseachi. A su formidable caída de 246 metros de altura se agrega la increíble belleza de un anfiteatro natural de roca y tupidos bosques de pino. La cascada y un área circundante que en total suman 5, 803 hectáreas fueron declaradas Parque Nacional en 1981. En la zona hay veredas que bajan hasta la fosa donde el agua cae y se convierte en miriadas de diminutas gotas que bañan a los viajeros. La Cascada de Basaseachi da inicio a otro de los impresionantes cañones chihuahuenses, llamado Barranca de Candameña. Los ríos de esta barranca se alimentan del río Mayo, de modo que no están conectados al sistema de las Barrancas del Cobre, que pertenecea la cuenca del río Fuerte. Por siglos se pensó que Basaseachi era la caída de agua más alta del país, pero en 1995 se descubrió a sólo 8 kilómetros de ahí, sobre otro despeñadero de la barranca de Candameña, otra cascada de casi el doble de altura. Ésta, ubicada en el Cerro de la Corona, alcanza 453 metros de altura de modo que es la número once del mundo, pero sólo lleva agua en temporada de lluvias. También se le conoce como cascada de Piedra Bolada (sic), y para acercarse a ella se recomienda contratar un guía. En frente se encuentra la casacada Peña Gigante, un monolito que con sus paredes de varios cientos de metros de elevación hace honor a su nombre y que en fechas recientes se ha vuelto destino favorito de los amantes de varias actividades de aventura como el rappel, el salto libre o la escalada. Ambos chorros de agua hacen de este rincón chihuahuense uno de los más hermosos de México. 

 

Pueblo mágico en la sierra:
Creel

Cómo llegar: Creel está 126 km al sureste de Basaseachi por la carretera federal 23 a San Juanito. Desde Chihuahua son 257 km por la carretera federal 16 y la estatal 127 (vía San Juanito). 

4Por su ubicación al inicio de la zona de barrancas, por su gran cantidad de servicios (especialmente buenos hoteles), por la confluencia de varias carreteras serranas y por el paso del Chepe, este poblado es como la capital informal de la Sierra Tarahumara. Creel es un lindo sitio, con un simpático perfil pueblerino e impresionantes alrededores cercanos que vale mucho la pena visitar. Llamado originalmente Rochivo, recibió su actual nombre en honor a Enrique C. Creel, gobernador de Chihuahua en 1907, cuando se inauguró aquí la estación del ferrocarril (en aquél entonces era la vía del ferrocarril Kansas City-México y Oriente). Por décadas dependió de los aserraderos; hoy el turismo y el comercio son sus actividades preponderantes. En 2007, recibió de la Secretaría de Turismo federal la designación de Pueblo Mágico. 

5Creel es un pueblo agradable, de construcciones bajas con techo de dos aguas. Su Plaza de Armas es una explanada arbolada con un lindo quiosco y un monumento a Enrique Creel. A su lado se encuentra la Iglesia de Cristo Rey y junto a ella el Templo de Nuestra Señora de Lourdes, en ambos casos se trata de sencillas construcciones del siglo XX. Al poniente de la plaza, junto a las vías del tren, se localiza el Museo Casa de las Artesanías del estado de Chihuahua, que ofrece una visión panorámica de la historia local y las costumbres de los tarahumaras, y cuenta con una amplia tienda de artesanías de la zona. Al norponiente del centro, sobre un promontorio rocoso se levanta el Monumento a Cristo Rey, una imagen de ocho metros de altura, visible desde buena parte del poblado, y que se ha convertido en símbolo de Creel. En dirección contraria hay una serie de parajes imprescindibles. 

6Primero, a unos 4 kilómetros a pie y a 7 por la carretera a Cusárare y Guachochi (estatal 23), se abre el espléndido Valle de los Hongos, un llano con grandes piedras más erosionadas en su base que en su punta, de ahí su nombre. En medio de él está San Ignacio de Arareko (que a veces se escribe “Arareko”), una vieja y encantadora iglesita misional de piedra que es el centro de un “poblado”: los tarahumaras hacen sus celebraciones religiosas en el templo y el atrio, pero viven en cuevas, casitas y ranchos muy alejados de ahí. Hacia el oriente el llano se prolonga y de acuerdo a la forma de las rocas toma otros nombres: Valle de las Ranas y Valle de los Monjes. A 3 km al sureste de San Ignacio (y 7 desde Creel por la carretera estatal 23) se localiza el primoroso Lago de Arareco rodeado por rocas y grandes pinos. En su ribera se pueden alquilar lanchas para dar un paseo por sus apacibles aguas. Este cuerpo de agua de 2 kilómetros y medio de longitud, pero con forma de herradura, es en realidad una presa hecha en 1969 para producción piscícola. El verano es el mejor momento para pescar la lobina negra y la mojarra que viven en sus aguas. 

Regresando a Creel, 32 km aproximadamente hacia el norte, se encuentra el poblado comercial de San Juanito, que 4 km al oriente tiene el mayor cuerpo de agua de la Sierra Tarahumara: la presa o “lago” Sitúriachi. Ubicada casi en el parteaguas serrano (entre las vertientes del Atlántico y del Pacífico), a una increíble altitud de 2,300 metros sobre el nivel del mar, esta presa abastece de agua a la región y al creciente número de turistas que la visitan. Hoy, se ha convertido también en otro rincón favorito de los viajeros. Con una longitud aproximada de 5 kilómetros, rodeado de bosques y grandes rocas, resulta un sitio ideal para el campismo, el excursionismo y el ciclismo de montaña. 

 

Un paraje único:
Cusárare

 

Cómo llegar: Desde Creel son 24 km por la carretera a Guachochi (estatal 23) hasta donde entroncan a mano izquierda (oriente) la terracería de 1 km al pueblo de Cusárare y a mano derecha la terracería de 3 km a la cascada. 

7A unos 25 km al sureste de Creel se encuentran la cascada y el poblado que comparten el apelativo Cusárare. La cascada es una bella caída de agua de unos 30 metros de altura, enmarcada por un cauce rocoso y montañas cubiertas de extensos pinares. En el segundo semestre del año, cuando las lluvias nutren el caudal del río Cusárare, la cascada se convierte en un espeso telón blanco sobre piedras rojizas, mientras los arroyos toman por momentos un tono azul turquesa. Es simplemente uno de los espectáculos más hermosos de la Tarahumara. En la zona hay opciones de hospedaje. 

En la visita al lugar vale la pena conocer también el poblado homónimo (situado del otro lado de la carretera). Como todas las comunidades rarámuris, Cusárare es un caserío disperso que en su lejano “centro” tiene una iglesia de piedra. Ésta no es otra que la heredera de la misión establecida por los padres jesuitas en el siglo XVII. La iglesia, recientemente restaurada, tiene junto a ella un pequeño museo etnográfico y el museo Loyola, un espacio donde se han concentrado más de 40 pinturas sacras de los siglos XVI, XVII y XVIII rescatados de las distintas misiones de la sierra. Varias de estas pinturas son de gran tamaño y excelente calidad. El museo es atendido por mujeres locales. 

 

 

Las barrancas en plenitud:
Divisadero y el Parque de Aventura Barrancas del Cobre

  

Cómo llegar: Desde Creel son 58 km por el Chepe, o 50 km por la carretera a San Rafael, hasta la estación Divisadero. El Parque de Aventura Barrancas del Cobre está 800 metros al sur de la estación. 

8Desde que se inauguró el Chepe en 1961, la estación Divisadero fue parada obligada en los viajes por la Sierra Tarahumara. Ahora lo es con mucha mayor razón gracias a la apertura, en septiembre de 2010, del nuevo parque de aventuras. 

La estación (a la que también se puede llegar en automóvil) se ubica a 2,400 metros sobre el nivel del mar, junto a la Barranca del Cobre, que aquí alcanza cerca de 1,500 metros de profundidad; abajo corre un río que algunos mapas llaman “San Ignacio” a tan sólo 900 metros sobre el nivel del mar. El Chepe normalmente hace una parada larga para que los viajeros tengan tiempo de bajar los escalones que los llevan al primer mirador, sobre el despeñadero, y disfrutar ahí de la espectacular vista. Sin embargo, los 20 minutos del receso no son suficientes para disfrutar todo lo que hay aquí. 

9Hacia el sur de la estación, a lo largo de varios cientos de metros, continúan los miradores con panorámicas que quitan el aliento hasta llegar al más famoso: el Mirador de Piedra Volada, junto a una gran roca que, como lo indica su nombre, sobresale de lo alto del risco. Adyacente a este mirador está el Parque de Aventura Barrancas del Cobre, que ofrece media docena de opciones más para ver y gozar con la adrenalina a tope la belleza de las barrancas. El servicio más tranquilo es el del teleférico, para todo público. Con un cable de 3 km sin torres intermedias, es el tercero más largo del mundo. La atracción más reciente, es un zipline, la tirolesa más larga del mundo, con 2650 metros de longitud, que va paralela con la Góndola del Teleférico, te permitirá alcanzar en 10 segundos, más de 100 kms. por hora, en cosa de tres minutos, ya volaste de un extremo de la barranca del cobre, hacia la mesa de Bacajípare, hacia donde después de caminar por una vereda de más o menos 800 metros, estarás en la estación B del Teleférico. 

10Sobra decir que las panorámicas que ofrece son increíbles. Sus cabinas tienen capacidad para 60 pasajeros. Baja hasta la Estación B, donde el viajero puede tomar paseos a caballo o hacer caminatas hasta el cercano pueblo de Bacajípare, donde la comunidad tarahumara local tiene talleres y tiendas de artesanías, además de un interesante museo. Para los más aventurados ahí está también la vía ferrata, un desafiante recorrido que exige descenso en rappel, escalada en roca y cruce de un puente colgante. Por si fuera poco, a este puente se llega mediante un “salto de Tarzán” (Tarzan jump) con cables tipo lianas. 

Otra formidable opción de aventura es su ruta de tirolesa, que en sus distintos tramos llega casi a los 5 kilómetros de longitud, lo que la convierte en la mayor de México. Esta ruta comprende siete tramos de tirolesas y dos de puentes colgantes. El recorrido termina cerca de la Estación B, de modo que el regreso es en teleférico. El tramo individual más largo de tirolesa es de 1,113 metros, y en él se alcanzan velocidades superiores a los 80 km por hora. ¡El viajero “vuela” a 450 metros sobre el suelo! Es la adrenalina en su máxima expresión. Pero, atención, el riesgo es mínimo: tanto en la tirolesa como en la vía ferrata hay cables de seguridad. 

El parque cuenta también con el restaurante El Tónari, con terraza y pisos de vidrio, para disfrutar del paisaje. Este restaurante se localiza junto al Mirador de Piedra Volada. 

 

Una Comunidad Tarahumara:
Bacajípare

 

Cómo llegar: Vía teleférico desde la estación B del Parque de Aventuras. 

Gracias al teleférico, el viajero puede conocer esta comunidad rarámuri que ahora está a unos cuantos minutos a caballo o a pie de la Estación B de este medio de transporte (antes de su construcción se hacían muchísimas horas desde Divisadero para llegar a ella). Los mismos habitantes participaron en la construcción del Parque de Aventuras y ahora son guías que trabajan en él. El paseo a Bacajípare le permitirá ver de cerca una comunidad tarahumara, visitar el museo que muestra su forma de vida y, si tiene tiempo, conocer los sitios cercanos con pinturas rupestres.

 

El CHEPE:
Medio siglo de leyenda

chepe

Por 50 años, el Ferrocarril Chihuahua al Pacífico ha sido el tren más interesante de México y uno de los más famosos del mundo. Coloquialmente se le llamó por sus siglas: Ch-P, hasta que este mote se convirtió en su nombre oficial: El Chepe. Su construcción inició en tiempos de Porfirio Díaz, cuando se planeó como un ramal del Kansas City-México y Oriente. La Revolución interrumpió los trabajos pero fueron reiniciados hasta muchas décadas después, cuando a mediados de siglo el país retornó a la senda de la prosperidad. La vía finalmente fue inaugurada en 1961 en la estación de Témoris. Junto a la placa develada, por el entonces presidente Adolfo López Mateos, los gobernadores de los estados de Chihuahua y Sinaloa colocaron en noviembre de 2011 una nueva placa conmemorativa de los 50 años de servicio de esta magna obra.

Para atravesar la escabrosa Sierra Madre Occidental, el Chepe recorre 653 km y atraviesa 37 puentes y 86 túneles entre Chihuahua y Los Mochis, Sinaloa. Cada día, un convoy de pasajeros inicia su recorrido a las 6 de la mañana en cada uno de los extremos de la ruta para llegar al otro lado a eso de las 10 de la noche. El trayecto completo en primera clase cuesta $2,179. Hay quienes conocen la Sierra Tarahumara desde la comodidad del asiento y lo disfrutan. Sin embargo, también es posible y muy recomendable, hacer paradas de uno o más días en sitios como Creel, Divisadero y Bahuichivo, en Chihuahua; o El Fuerte, en el lado de Sinaloa. Si no puede hacer el recorrido completo, le sugerimos no perderse el tramo central de esta vía. Los paisajes más bellos se concentran en la zona más montañosa, entre Creel y El Fuerte. Informes: www.chepe.com.mx T. (800) 122 4373 y (614) 439 7212. 

 

El corazón de la Sierra:
Cerocahui y Urique 

 

Cómo llegar: Desde Divisadero son 47 km por el Chepe hasta la estación de Bahuichivo. Desde ahí son 17 km de terracería a Cerocahui y 38 km más hasta Urique (hay colectivos entre Bahuichivo y ambos pueblos). Además hay brechas rudas desde Divisadero. 

11En lo profundo de la Sierra se encuentran estos dos pueblos encantadores, ideales para quienes buscan los rumbos poco trillados. Aunque distintos en carácter, su relativa cercanía permite visitarlos en el mismo viaje, a partir de la estación Bahuichivo del Chepe. 

Cerocahui es uno de los pueblos más peculiares y bonitos de la Sierra Tarahumara. Fue fundado en 1688 por el legendario jesuita Juan María Salvatierra, el iniciador de la evangelización en Baja California. Su famosa Iglesia de San Francisco Xavier, es la heredera de la antigua misión de adobe de tiempos virreinales, sólo que reconstruida entre 1940 y 1952. En Cerocahui se encuentra el Hotel Misión (T. 01 (635) 456 5294; www.hotelmision.com), la mejor opción de hospedaje del rumbo, cuenta con amplios viñedos y produce un sabroso vino de mesa. 

En los alrededores de Cerocahui hallará también minas abandonadas y bellos parajes naturales. Al sur de Cerocahui continúa el camino de 38 km que desciende por las paredes de la Barranca de Urique, que no es otra que la misma Barranca del Cobre, un poco más al suroeste, con otro nombre y mayor hondura. Aquí la grieta casi alcanza los 1,900 metros de profundidad, por lo tanto es la más honda del estado. Es, sin duda, un recorrido muy placentero por las constantes panorámicas indescriptibles que acompañan a quien decide descubrirlas, y es posible detenerse a apreciarlas en algunos de los miradores aparecidos en el camino. A 23 km de Cerocahui está el más famoso de ellos: el Mirador del Cerro del Gallego, que ofrece una vista completa del río y el pueblo de Urique al fondo de la barranca. 

El remoto y risueño pueblo de Urique es un caserío de una sola calle paralela al río que conserva varias de sus antiguas construcciones porfirianas. Rodeado de grandes paredes rocosas, acompañado por el río y a sólo 600 metros sobre el nivel del mar, es un oasis tropical en medio de la aridez y el frío serrano. Aquí ya no hay manzanares ni viñedos, sino huertas de papayas, limas, mandarinas y mangos. Las ceibas crecen en las calles y de vez en cuando se dejan ver loros y majestuosas guacamayas militares. Para completar su perfil cálido, hay que decir que el platillo típico de Urique es el aguachile (camarón crudo curtido en limón), como en el bajo río Fuerte, y la golosina local las mangoneadas (paletas heladas de mango natural recubiertas de chile). A pesar de su reducido tamaño, Urique cuenta con hoteles modestos, pero limpios y agradables (mpiourique@hotmail.com , www.urique.gob.mx). 

 

Remoto y entrañable Pueblo Mágico:
Batopilas

 

Cómo llegar: Desde Creel son 68 km hacia el sur por la carretera a Guachochi (estatal 23) hasta el poblado de Samachique. Ahí se dobla al suroeste y se toma la nueva carretera de 65 km que baja hasta Batopilas. 

bato1Es un pueblo antiguo y legendario; por su plata fue considerdado el verdadero tesoro de la Sierra Madre. Hoy lo es por su enorme encanto y su ubicación, localizado al fondo de la barranca homónima, a medio día de Creel. En 1708, el explorador Pedro de la Cruz encontró aquí abundantes yacimientos de plata que dieron origen a este pueblo minero. Las bonanzas fueron y vinieron. La última tuvo lugar en tiempos de Porfirio Díaz. Alexander R. Sheperd, ex gobernador del distrito de Columbia en Estados Unidos, relanzó la explotación argentífera y se mudó aquí en 1880. Criados y doctores, lujos y comodidades fueron traídos a este remoto rincón de la Tarahumara a lomo de mula y los lingotes de plata se extrajeron en cantidades extraordinarias. No fue casualidad que Batopilas se convirtiera en el primer poblado del país, después de la Ciudad de México, en contar con energía eléctrica. La Revolución, sin embargo, echó por tierra los sueños de prosperidad, y este rincón tarahumara se despobló y quedó congelado por décadas hasta los años setenta del siglo XX cuando los viajeros lo redescubrieron como un destino único y mágico. 

Batopilas mantiene su aire de pueblo de antaño, con sus casitas alineadas sobre una calle paralela al río, su templo, su plaza y su diminuto parque. Como a Urique, su ubicación en lo profundo de la barranca (a sólo 650 metros sobre el nivel del mar) le da un microclima cálido donde abundan las flores y crecen cítricos, guayabas y aguacates. Si hacen falta pretextos para emprender una caminata por Batopilas y sus alrededores, se puede ir a ver la mansión de ladrillo rojo de Alexander Sheperd. O mejor aún, ir a Satevó, 8 kilómetros al sur, donde los jesuitas edificaron una iglesia misional, una de las más bellas de Chihuahua, entre 1760 y 1764, que ahora se levanta solitaria, sin comunidad visible a su alrededor. Con el reconocimiento que le otorgó la Secretaría de Turismo como Pueblo Mágico, se restauraron las fachadas, la electricidad se instaló de manera subterránea y se hermoseó en general el pueblo. ¡Felicidades Batopilas!